Diseño de producto y el internet de las cosas (IoT)
Grosso modo, el Internet de las Cosas (IoT: Internet of Things), como su nombre indica, son cosas cotidianas, objetos, que se conectan a internet, pero obviamente no es tan sencillo, es mucho más que eso.
Un termostato está conectado de manera que un sensor detecta si la temperatura está por encima o por debajo de lo indicado, instruyendo al calentador para que se encienda o apague en función de la temperatura, esto es un ejemplo de un circuito cerrado.
Pero el IoT va más allá, dando paso a una nueva era de conectividad, permitiendo que los objetos se comuniquen unos con otros continuamente, formando sistemas grandes, interconectados, capaces de crear, comunicar, agregar, analizar o actuar sobre los datos. Ejemplos más cotidianos de estos objetos son nuestro Smartphone, o el altavoz inteligente de Amazon.
Pero, ¿qué debemos tener en cuenta a la hora de diseñar productos con estas características?
Ya en un mundo anterior a la era del IoT, un diseñador tenía que considerar muchas cosas: hacia qué usuarios irá dirigido nuestro producto, cómo lo usarán, cuándo y por qué, cómo quedará estéticamente, cómo deberá ser su ergonomía, qué materiales serán los más adecuados para su fabricación y uso, etc. La conectividad del IoT añade a este proceso un nivel más de complejidad.
El producto tiene que ser capaz de actuar de manera autómata, creando y comunicando nueva información que le permite aprender y ajustarse. Como diseñadores, será crucial que podamos incorporar estas capacidades al objeto, pudiendo este interactuar confiablemente con una red digital sin dejar de ser amigable y relativamente simple para el usuario. De lo contrario, correríamos el riesgo de crear un objeto inteligente capaz de hacer mil cosas sorprendentes, y que el usuario no llegara a verlas por ser incapaz de comprender su uso.
Otro punto a tener en cuenta, es que estos objetos estarán continuamente conectados, y se esperará que siempre sea así, por lo tanto, los diseñadores del producto tendrán que considerar cuáles serían las consecuencias si el objeto dejase de estar conectado, y actuar en base a ello. Si nuestro smartphone deja de estar conectado durante un pequeño lapso de tiempo no tendría grandes consecuencias, pero si falla la conexión de una máquina que forma parte de un proceso de fabricación, puede parar toda una fábrica.
Por otro lado, esta nueva era de conexión hace que los objetos se actualicen constantemente. Si bien antes un producto se lanzaba al mercado, y tras un feedback de los usuarios, se fabricaba una siguiente versión del producto mejorada, con este tipo de objetos conectados, no solo el fabricante puede cambiar la función central de su producto mediante una actualización, sino que socios terceros pueden hacer lo mismo con los componentes clave, como sucede por ejemplo con las apps.
Por tanto, a la hora de diseñar hay que reflexionar sobre unas futuras modificaciones de sus componentes. Para tener en cuenta los desarrollos futuros, los ingenieros pueden incorporar la modularidad en algunos componentes, permitiendo que los proveedores de servicio intercambien hardware desactualizado por opciones actualizadas capaces de adaptar el software de la siguiente generación.
La tecnología del Internet de las Cosas todavía en proceso desarrollo, en un futuro estos objetos cada vez serán más complejos así como su interdependencia, por lo que tanto las empresas como los diseñadores deberán estar preparados y actualizarse constantemente, adquiriendo nuevos conocimientos y capacidades, y estando al día de estas nuevas funcionalidades que pueden ofrecer estos productos.